




Hace como un mes, los mismos policías que venían a cuidar se quejaban que sentían mal olor y salían a la calle porque no aguantaban.”
Los pozos están a unos cinco o seis metros. El agua es bien superficial y esa es la preocupación de los vecinos.”
Nos ha tocado comprar agua porque no sabemos si hay contaminación o no, acá nadie dice nada. Ese dinero no lo teníamos previsto en los gastos.”
Walter Caballero tiene una bebé de un año y ocho meses. Todos los días, él y su familia toman agua del pozo que está en su casa, en la playa San Diego, pero ahora lo hace con una mezcla de temor y desconfianza.
Frente a su lote, en la 2.ª calle oriente, pasaje 2 de San Diego, se encuentra el perteneciente a la Sociedad Concha, donde el 22 de marzo pasado se detuvo in fraganti a tres personas queriendo enterrar restos de baterías.
Después, otros más se agregaron a la lista de sospechosos: Natividad de Jesús Mendoza, Carlos Antonio Menjívar Peñate, Francisco Antonio Escobar Sánchez, José Enrique Sánchez Orellana y Elsa Concepción Portillo de Vignolo. Esta última es la administradora única de la Sociedad Concha.
Todos tendrán que responder a cargos de contaminación ambiental agravada y transporte ilegal de sustancias tóxicas, por los que podrían enfrentar hasta 10 años de cárcel por cada cargo.
Según el Centro Nacional de Registros, en su libro 2335, asiento 22, folio 215-217, de la fecha 6 de febrero de 2008, Portillo de Vignolo también es la administradora única y representante legal de Baterías Superior de Centroamérica.
En el predio hay partes de las cajas de las baterías con el logo del rinoceronte azul de Superior. No obstante, en el expediente abierto la Fiscalía General de la República solo se evidencia que hay restos de baterías “Esso” y “Récord”.
Además, no hay constancia en dicho expediente que Portillo de Vignolo sea la representante de la marca Baterías Superior.
Se intentó hablar con la compañía, pero adujeron que podrían tener problemas debido al proceso legal que enfrenta su administradora. Además, la empresa no está procesada.
En el lugar, según confirmó Luis Ramón Portillo, director del Consejo de Investigaciones Científicas de la Universidad de El Salvador, hay contaminación por plomo en niveles superiores a los permitidos por la Convención de Basilea, tratado internacional aceptado como Ley de la República y que regula las sustancias peligrosas, incluido el plomo. No obstante, se reservó los detalles para no entorpecer con las investigaciones.
En el lugar se encuentran enterrados o semienterrados 209 sacos con restos de baterías. Según explicó Portillo, fueron siete las muestras tomadas y algunas obtuvieron niveles fuera de lo permitido.
Para Delmy Rivas, de la Unidad de Medio Ambiente de la Alcaldía de La Libertad, el problema radica en que en el lugar, por estar cerca del nivel del mar, los pozos de los que se recibe el agua no están a más de cinco metros de profundidad, por lo que podría haber una contaminación del agua que toman los habitantes.
También el centro escolar de San Diego, ubicado a dos kilómetros del lugar, y sus alumnos corren el riesgo de intoxicación.
Elías Sánchez tiene 42 años de vivir en San Diego y dice que desde que se dieron cuenta de que los restos estaban siendo enterrados en el lugar decidieron comprar agua embotellada.
“Eso viene desde noviembre del año pasado. Alguien avisó y vinieron y los agarraron cabal el día que estaban enterrando otras”, dijo.
Sánchez tiene que comprar semanalmente cuatro garrafones de cinco galones a un precio de $1.95. Un gasto de $7.8 que, admite, no estaba previsto en su presupuesto, ya que antes consumían agua de los pozos del lugar.
Caballero recordó que, en algún momento, uno de los policías que custodian el lugar prefirió retirarse por no “soportar el mal olor”.
Según una fuente cercana al proceso, hay algunas inconsistencias en el caso, ya que el estudio de la Universidad de El Salvador tiene una mala redacción, lo que podría servir de salida para los imputados.
En el lugar aún vive la familia de los cuidadores —el padre de esta está incluido en el proceso—. Aseguraron que el terreno es de Portillo de Vignolo y que no se acercan a los desechos. Además, dicen no saber si hay o no contaminación pues no se les ha informado nada.
La familia consta de siete personas y dos de ellos son menores de edad. No quisieron revelar su identidad para evitar problemas con la dueña del rancho, según dijeron.
Una fuente, que pidió anonimato, dijo que no hay contaminación, ya que los materiales no habían sido utilizados.

San Salvador, El Salvador.
La organización CESTA ha realizado una rueda de prensa para dar a conocer los serios peligros de contaminación que ocasionaría la decisión del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales, MARN, de incinerar unos barriles de tóxicos abandonados en San Miguel por la empresa Monsanto.
Texto del comunicado:
El Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales, según dijo la Sra. Vice Ministra la semana pasada está considerando incinerar los residuos de Toxafeno que abandonó la Monsanto en San Miguel hace muchos años atrás. Esto va a generar serios problemas.
El toxafeno es un pesticida orgánico venenoso y persistente que está formado por una mezcla de 570 químicos, lo cual significa que se requieren procedimientos adecuados para deshacerse de sus desechos sin causar problemas. En la actualidad los barriles de Toxafeno abandonados están contaminando el suelo y el agua en San Miguel, pero al incinerarlos van a generar una serie de contaminantes orgánicos persistentes gaseosos “COP” como Dioxinas y Furanos que se van a dispersar con el aire e incrementar su radio de acción contaminante. Esto lo señala el Convenio de Estocolmo el cual ha sido ratificado por El Salvador y donde los miembros firmantes se comprometen a reducir la contaminación con COP, de hecho el art. 6 dice que la destrucción de pesticidas no debe generar COP y el problema es que la incineración del Toxafeno va a generar COP, lo que estaría en franca violación a dicho convenio.
Algunos problemas ocasionados por las dioxinas que se van a formar al incinerar el toxafeno son los siguientes:
· Afecta la función de las glándulas endocrinas.
· Reduce las hormonas sexuales masculinas y daña los genitales.
· Producen cáncer en tejidos blandos como pulmón y estómago.
· Genera problemas en la piel parecidos a severos casos de acné.
· Debilita el sistema inmunológico.
· Causa deformaciones en los fetos.
· Daña el hígado
· Contribuye a la diabetes
El MARN debe buscar otra forma para deshacerse de estos tóxicos, de hecho es lo que recomienda el Convenio de Estocolmo, el proceso consiste en convertir a los COP en sustancias menos dañinas a través de medios físicos y químicos, que de hecho son procesos menos costosos que la incineración. Algunas tecnologías son: Reducción química en fase gaseosa, Descomposición catalizada por Base, Reducción por Sodio y Oxidación en agua supercrítica.
No Jueguen con la vida ni con el medio ambiente de El Salvador QUEDA PROHIBIDO¡¡¡¡¡¡¡

Sábado, 16 de Mayo de 2009 / 09:01 h



El ingeniero José Miguel Sermeño Chicas, docente de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de El Salvador (UES), está obteniendo en la actualidad una invaluable utilidad de los insectos acuáticos de los ríos salvadoreños. El catedrático es el precursor del proyecto “Formulación de una guía metodológica estandarizada para determinar la calidad ambiental de las aguas de los ríos de El Salvador utilizando insectos acuáticos”. El largo enunciado en la práctica significa que hay insectos que pueden denotar cuán limpias o contaminadas se encuentran las cuencas en que viven.
El proyecto tiene poco tiempo de haber iniciado –alrededor de dos meses–, y hasta este momento se han obtenido muestras de insectos acuáticos en el río Cara Sucia del departamento de Ahuachapán; y en el San José de Metapán, Santa Ana. Parte de la metodología es hacer tres tomas por río. La primera, cerca de los nacimientos, antes de pasar por las poblaciones. La segunda, justo en medio de las ciudades. Y la tercera, en los afluentes posteriores.
“Más que encontrar obviedades en este tipo de muestreo, como que el agua del río después de salir de una ciudad ya va con un grado de contaminación, estamos descubriendo una forma más sencilla y barata de medir la calidad del agua. Vamos creando un catálogo con los insectos que encontramos desde las aguas limpias hasta las altamente contaminadas, y creamos un índice con ellos. Cada uno tiene un número del 1 al 10, que refleja su sensibilidad ante el agua contaminada. Así, tenemos que una lombriz (Oligochaeta o Nematomorpha) tiene un 1 de sensibilidad, es decir, resiste cualquier tipo de agua y sobrevive en aguas altamente sucias, como las del Acelhuate, por ejemplo”, explica Sermeño Chicas.
El docente señala que los insectos que tienen 10 de sensibilidad no se ven en lo absoluto en aguas contaminadas. De esta manera, en cada muestreo –que tiene una duración de 15 minutos y que consiste en colocar una red en varios subsitios de los afluentes que no tengan más de un metro de profundidad– los insectos que se van recolectando son sumados según sus índices de sensibilidad. Y hay una tabla de valores que es con la que se mide la calidad del agua.
De esta manera, si todos los insectos encontrados –se trata de uno por especie y por familia– suman 120 o más, el agua se considera “de calidad excelente”; si el total es de entre 101 y 120, el agua entonces es “de calidad buena, no contaminada o alterada sensiblemente”. Si la puntuación oscila entre 61 y 100, el agua es “de calidad regular, contaminación moderada”; si la suma totaliza de 36 a 60, la calidad es “mala, contaminada”. Entre 16 y 35, la calidad del agua del río es “mala, muy contaminada”. Y por último, si los índices de sensibilidad de los insectos encontrados suman 15 o menos, la calidad es “muy mala, extremadamente contaminada”.
Esta clasificación ambiental se deriva del Índice Biológico BMWP-CR (Biological Monitoring Working Party), oficializado en Costa Rica desde 2007. Este índice fue establecido en Inglaterra en 1970 como un método efectivo para evaluar la calidad ambiental de las aguas de los ríos usando insectos acuáticos como indicadores de contaminación. El uso de organismos acuáticos ha sido ratificado por Naciones Unidas y la Comisión Económica para Europa, que en el documento de la Convención para la Protección y el Uso de Cursos de Agua y Lagos, en Helsinki, en 1992, reafirmaron a los macroinvertebrados acuáticos como una útil y práctica herramienta para el monitoreo rutinario de la calidad del agua superficial.
“No podemos detallar cuáles son las propiedades de cada una de las aguas, qué sustancias las contaminan –aclara Sermeño–. El complemento son los estudios físico-químicos y microbiológicos. Pero entonces, ¿cuál es la gran ventaja de este estudio? La sencillez. Con una capacitación no tan complicada, cualquiera puede tomar muestras. Lo barato. Solo necesitamos una red que cuesta como 50 dólares y un colador de cocina. Es decir, cuando completemos este proyecto, cualquier persona podrá deducir en qué lugar de cada río hay contaminación, sin necesidad de gastar 150 dólares de un estudio físico-químico ante cada sospecha”, dice el profesor.
El proyecto es financiado por la Organización de Estados Americanos, mediante su Secretaría Ejecutiva para el Desarrollo Integral de la Agencia Interamericana para la Cooperación y el Desarrollo (SEDI/AICD), a un costo de $99,948, y una contraparte de la UES, no monetaria, por $99,000. El equipo ejecutor lo integran docentes y estudiantes de la Facultad de Ciencias Agronómicas, el Departamento de Protección Vegetal, el Departamento de Química Agrícola, la Unidad de Postgrado, la Facultad de Química y Farmacia, las facultades multidisciplinarias Paracentral y de Occidente, y el Ministerio de Medio Ambiente.
Los objetivos de Sermeño y su equipo son grandes y de interés nacional: “Del proyecto se derivará un libro: ‘Taxonomía y bioecología de los insectos acuáticos de los ríos de El Salvador’. Haremos la guía metodológica. Diseñaremos un atlas a colores de la cuenca nacional con los puntos determinados donde hicimos los muestreos y sus resultados. Y una colección nacional de referencia de insectos indicadores de calidad de los ríos”.
El estudio ya se está desarrollando. Concluirá a mediados de 2010. Para ese entonces se habrán tomado muestras de 18 ríos salvadoreños y se tendrán sus resultados. Los datos se compartirán con el Ministerio de Medio Ambiente mediante un convenio con la UES para facilitar actividades dirigidas a proteger el ecosistema nacional y para que esta metodología se incluya dentro de la ley para oficializarla como prueba válida para deducir ambientes contaminados.
“A pocos les importa el aspecto ambiental. Por eso los recursos para esta área siempre son muy limitados. Estudios como este se deben aprovechar por su sencillez y precisión. Estamos dando pasos importantes para el desarrollo de este país”, dice el catedrático.
“Tenemos que una lombriz tiene un 1 de sensibilidad, es decir, que sobrevive en aguas altamente sucias, como las del Acelhuate, por ejemplo.”


Ítalo Córdova, gerente de Materiales Peligrosos del MARN, dijo que las sustancias fueron embaladas en 26 barriles herméticos y 12 paquetes de bolsas plásticas. El funcionario dijo que el material podría ser tratado con un proceso de neutralización o tratamientos químico.
Las sustancias fueron identificadas como corrosivos, colorantes, ácidos y otros que en preliminarmente podrían ser fosfato de sodio y sulfato de sodio. Medio Ambiente dice que aún investiga quién es el responsable del abandono de los tóxicos.
Unas 13 personas que viven en las cercanías del lugar donde hallaron los tóxicos presentaron síntomas como ardor en la garganta y la piel.
Córdova dijo que el artículo 34 del Reglamento Especial en Materia de Sustancias y Residuos Peligrosos permite que cualquier desecho pueda ser tratado para reducir su grado de peligrosidad a través de procesos químicos. Las labores fueron apoyadas por la PNC, Bomberos y Ministerio de Defensa.





