domingo, 6 de septiembre de 2009

Insectos como indicadores de la Calidad del Agua

Un trabajo y tecnologia mas barata y novedosa de parte de la Universidad de el Salvador

Insectos para medir la calidad del agua

Con un método sencillo y barato, un grupo de investigadores salvadoreños medirá la contaminación de las aguas de los ríos nacionales. Creatividad en tiempos de crisis.

El ingeniero José Miguel Sermeño Chicas, docente de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de El Salvador (UES), está obteniendo en la actualidad una invaluable utilidad de los insectos acuáticos de los ríos salvadoreños. El catedrático es el precursor del proyecto “Formulación de una guía metodológica estandarizada para determinar la calidad ambiental de las aguas de los ríos de El Salvador utilizando insectos acuáticos”. El largo enunciado en la práctica significa que hay insectos que pueden denotar cuán limpias o contaminadas se encuentran las cuencas en que viven.

El proyecto tiene poco tiempo de haber iniciado –alrededor de dos meses–, y hasta este momento se han obtenido muestras de insectos acuáticos en el río Cara Sucia del departamento de Ahuachapán; y en el San José de Metapán, Santa Ana. Parte de la metodología es hacer tres tomas por río. La primera, cerca de los nacimientos, antes de pasar por las poblaciones. La segunda, justo en medio de las ciudades. Y la tercera, en los afluentes posteriores.

“Más que encontrar obviedades en este tipo de muestreo, como que el agua del río después de salir de una ciudad ya va con un grado de contaminación, estamos descubriendo una forma más sencilla y barata de medir la calidad del agua. Vamos creando un catálogo con los insectos que encontramos desde las aguas limpias hasta las altamente contaminadas, y creamos un índice con ellos. Cada uno tiene un número del 1 al 10, que refleja su sensibilidad ante el agua contaminada. Así, tenemos que una lombriz (Oligochaeta o Nematomorpha) tiene un 1 de sensibilidad, es decir, resiste cualquier tipo de agua y sobrevive en aguas altamente sucias, como las del Acelhuate, por ejemplo”, explica Sermeño Chicas.

El docente señala que los insectos que tienen 10 de sensibilidad no se ven en lo absoluto en aguas contaminadas. De esta manera, en cada muestreo –que tiene una duración de 15 minutos y que consiste en colocar una red en varios subsitios de los afluentes que no tengan más de un metro de profundidad– los insectos que se van recolectando son sumados según sus índices de sensibilidad. Y hay una tabla de valores que es con la que se mide la calidad del agua.

De esta manera, si todos los insectos encontrados –se trata de uno por especie y por familia– suman 120 o más, el agua se considera “de calidad excelente”; si el total es de entre 101 y 120, el agua entonces es “de calidad buena, no contaminada o alterada sensiblemente”. Si la puntuación oscila entre 61 y 100, el agua es “de calidad regular, contaminación moderada”; si la suma totaliza de 36 a 60, la calidad es “mala, contaminada”. Entre 16 y 35, la calidad del agua del río es “mala, muy contaminada”. Y por último, si los índices de sensibilidad de los insectos encontrados suman 15 o menos, la calidad es “muy mala, extremadamente contaminada”.

Esta clasificación ambiental se deriva del Índice Biológico BMWP-CR (Biological Monitoring Working Party), oficializado en Costa Rica desde 2007. Este índice fue establecido en Inglaterra en 1970 como un método efectivo para evaluar la calidad ambiental de las aguas de los ríos usando insectos acuáticos como indicadores de contaminación. El uso de organismos acuáticos ha sido ratificado por Naciones Unidas y la Comisión Económica para Europa, que en el documento de la Convención para la Protección y el Uso de Cursos de Agua y Lagos, en Helsinki, en 1992, reafirmaron a los macroinvertebrados acuáticos como una útil y práctica herramienta para el monitoreo rutinario de la calidad del agua superficial.

“No podemos detallar cuáles son las propiedades de cada una de las aguas, qué sustancias las contaminan –aclara Sermeño–. El complemento son los estudios físico-químicos y microbiológicos. Pero entonces, ¿cuál es la gran ventaja de este estudio? La sencillez. Con una capacitación no tan complicada, cualquiera puede tomar muestras. Lo barato. Solo necesitamos una red que cuesta como 50 dólares y un colador de cocina. Es decir, cuando completemos este proyecto, cualquier persona podrá deducir en qué lugar de cada río hay contaminación, sin necesidad de gastar 150 dólares de un estudio físico-químico ante cada sospecha”, dice el profesor.

El proyecto es financiado por la Organización de Estados Americanos, mediante su Secretaría Ejecutiva para el Desarrollo Integral de la Agencia Interamericana para la Cooperación y el Desarrollo (SEDI/AICD), a un costo de $99,948, y una contraparte de la UES, no monetaria, por $99,000. El equipo ejecutor lo integran docentes y estudiantes de la Facultad de Ciencias Agronómicas, el Departamento de Protección Vegetal, el Departamento de Química Agrícola, la Unidad de Postgrado, la Facultad de Química y Farmacia, las facultades multidisciplinarias Paracentral y de Occidente, y el Ministerio de Medio Ambiente.

Los objetivos de Sermeño y su equipo son grandes y de interés nacional: “Del proyecto se derivará un libro: ‘Taxonomía y bioecología de los insectos acuáticos de los ríos de El Salvador’. Haremos la guía metodológica. Diseñaremos un atlas a colores de la cuenca nacional con los puntos determinados donde hicimos los muestreos y sus resultados. Y una colección nacional de referencia de insectos indicadores de calidad de los ríos”.

El estudio ya se está desarrollando. Concluirá a mediados de 2010. Para ese entonces se habrán tomado muestras de 18 ríos salvadoreños y se tendrán sus resultados. Los datos se compartirán con el Ministerio de Medio Ambiente mediante un convenio con la UES para facilitar actividades dirigidas a proteger el ecosistema nacional y para que esta metodología se incluya dentro de la ley para oficializarla como prueba válida para deducir ambientes contaminados.

“A pocos les importa el aspecto ambiental. Por eso los recursos para esta área siempre son muy limitados. Estudios como este se deben aprovechar por su sencillez y precisión. Estamos dando pasos importantes para el desarrollo de este país”, dice el catedrático.





“Tenemos que una lombriz tiene un 1 de sensibilidad, es decir, que sobrevive en aguas altamente sucias, como las del Acelhuate, por ejemplo.”

99 mil dólares Es la cantidad no reembolsable otorgada como financiamiento por parte de la OEA para este proyecto.

99 mil dólares Es la contraparte de la Universidad de El Salvador en concepto de recursos para la investigación.

1 año Es la duración del estudio, que tiene cerca de dos meses de haber iniciado. Concluirá entre mayo y junio de 2010.

18 ríos Se tomarán tres muestras en cada uno, en distintos puntos. Se incluyen los ríos Acelhuate, Lempa, Grande y Sapo.


Este libro que encontre les puede servir de mucho para entender el tema que no es nuevo en algunos paises




3 comentarios:

Francisco 1ª dijo...

lindo ambiente tiene el salvador,

saludos desdes argentina.

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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